En República Dominicana, disponer de agua mediante tuberías no significa necesariamente utilizarla para beber. De los 3,726,936 hogares registrados en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022, unos 3,141,171, equivalentes al 84.3 %, señalaron el botellón como su principal fuente de agua para consumo.
Los datos forman parte del fascículo “Agua y Saneamiento en los hogares de la República Dominicana”, publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) en mayo de 2026.
A ese porcentaje se suma otro 3.2 % de los hogares que obtiene agua procesada mediante camiones distribuidores, mientras alrededor del 9 % utiliza alguna modalidad de abastecimiento proveniente directamente de los acueductos para beber.
Una fuente para el hogar y otra para consumir
La situación contrasta con el nivel de cobertura de la red pública. De acuerdo con la Enhogar 2024, en la zona urbana de la región Ozama o Metropolitana, 94.4 % de los hogares recibe agua de la red pública, ya sea dentro o fuera de la vivienda.
En la práctica, esto significa que muchas familias utilizan el agua del acueducto para bañarse, lavar, limpiar o realizar otras actividades domésticas, mientras destinan el agua de botellón principalmente al consumo humano.
Esta alta dependencia ha convertido la distribución de agua procesada en un servicio cotidiano para millones de hogares.
Más de 4,000 plantas procesadoras
La Asociación Dominicana de Procesadores de Agua Purificada (Asoproagua) estima que en el país funcionan más de 4,200 plantas procesadoras, frente a unas 2,025 contabilizadas en 2020.
Su presidente, Julio Quezada, ha señalado que alrededor del 30 % de estos establecimientos no estaría registrado ante la Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios (Digemaps).
Se trata, sin embargo, de una estimación realizada por el gremio y no de un registro oficial consolidado.
La calidad de este producto está regulada por diferentes normas. El Instituto Dominicano para la Calidad (Indocal) cuenta con la Nordom 1, relacionada con los requisitos del agua potable, y la Nordom 64, aplicable al agua procesada y envasada.
Otras instituciones, entre ellas Pro Consumidor, también realizan inspecciones y evaluaciones de plantas dedicadas a la producción y comercialización de agua.
Potabilidad y confianza no siempre van de la mano
El Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa) reportó un índice de potabilidad de 83.83 % entre el 28 de junio y el 4 de julio de 2026.
Sin embargo, la calidad del agua en el punto de producción no es el único elemento que influye en la decisión de las familias. La continuidad del servicio, el estado de las tuberías y las condiciones de cisternas, tinacos y otros sistemas de almacenamiento doméstico también pueden afectar la percepción sobre su seguridad.
El elevado consumo de agua embotellada implica además un gasto adicional para los hogares y genera desafíos ambientales vinculados al manejo de envases y residuos plásticos, aunque los botellones retornables permiten múltiples ciclos de reutilización.
El reto para las autoridades no se limita, por tanto, a garantizar que el agua llegue a las viviendas, sino también a mejorar la calidad, continuidad y confianza de la población en el servicio público.
