La trombosis puede presentarse sin síntomas evidentes, pero cuando un coágulo bloquea la circulación sanguínea o se desplaza hacia los pulmones puede provocar complicaciones graves.
Aunque este problema puede afectar a cualquier persona, las mujeres atraviesan determinadas etapas y situaciones en las que el riesgo puede aumentar, especialmente durante el embarazo, el período posterior al parto y el uso de algunos tratamientos hormonales que contienen estrógeno.
En ocasión del Día Mundial de la Trombosis, que se conmemora cada 13 de octubre, especialistas insisten en la importancia de reconocer los factores de riesgo y conocer las señales que justifican buscar atención médica.
La hematóloga de adultos Evelin Mena Toribio explica que la prevención comienza por conocer qué circunstancias pueden favorecer la formación de coágulos y evitar interpretar como normales ciertos síntomas cuando aparecen de manera repentina.
¿Qué ocurre cuando se produce una trombosis?
Una trombosis se forma cuando aparece un coágulo dentro de un vaso sanguíneo y este dificulta o bloquea el flujo normal de la sangre.
Cuando ocurre en una vena profunda, generalmente de las piernas, muslos o pelvis, recibe el nombre de trombosis venosa profunda (TVP).
Una de sus complicaciones más peligrosas aparece cuando una parte del coágulo se desprende, viaja por el torrente sanguíneo y llega hasta los pulmones.
En ese momento puede producirse una embolia pulmonar, una condición que requiere atención médica urgente.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) advierten que una trombosis venosa profunda debe tomarse seriamente precisamente por la posibilidad de que evolucione hacia una embolia pulmonar. NHLBI, NIH
Hinchazón en una sola pierna puede ser una señal
Una trombosis venosa profunda no siempre produce síntomas.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) estiman que alrededor de la mitad de las personas con una TVP pueden no presentar señales evidentes. CDC
Cuando aparecen manifestaciones, una de las más características es la hinchazón repentina de una extremidad, habitualmente una sola pierna.
También pueden presentarse dolor o sensibilidad, aumento de temperatura y cambios de coloración o enrojecimiento en la zona afectada.
Estos síntomas no significan automáticamente que exista un coágulo, porque otras condiciones pueden ocasionar molestias similares. Sin embargo, especialmente cuando aparecen súbitamente o existen factores de riesgo adicionales, justifican una valoración médica.
Falta de aire o dolor en el pecho requieren atención inmediata
Las señales cambian cuando el coágulo llega a los pulmones.
La dificultad respiratoria repentina, el dolor o molestia en el pecho —especialmente si aumenta al respirar profundamente o toser—, un ritmo cardíaco acelerado o irregular, mareos, desmayos y tos con sangre pueden aparecer durante una embolia pulmonar. CDC
Ante síntomas de este tipo se recomienda buscar atención médica de emergencia, ya que una embolia pulmonar puede comprometer rápidamente la circulación y la capacidad del organismo para recibir oxígeno.
Una persona puede desarrollar una embolia pulmonar incluso sin haber notado previamente síntomas en las piernas.
¿Por qué existen etapas de mayor riesgo para las mujeres?
Uno de los factores que diferencia determinados períodos de la vida femenina es la exposición a estrógenos, hormonas que pueden modificar el equilibrio de los mecanismos relacionados con la coagulación.
Esto no significa que el estrógeno sea por sí solo suficiente para provocar una trombosis.
El riesgo depende de otros elementos, entre ellos antecedentes de coágulos, predisposición genética, edad, tabaquismo, obesidad, cáncer, cirugías recientes y períodos prolongados de inmovilidad.
Los NIH señalan que ciertos anticonceptivos hormonales, algunas terapias hormonales y el embarazo pueden elevar la probabilidad de tromboembolismo venoso. NHLBI, NIH
Anticonceptivos: el riesgo no es igual para todas
Los anticonceptivos hormonales combinados —como determinadas píldoras, parches y anillos vaginales— contienen estrógeno y progestágeno y se asocian con un incremento del riesgo de trombosis venosa.
Aun así, estos métodos son considerados seguros para muchas mujeres.
El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) describe el aumento del riesgo como pequeño para la mayoría de las usuarias, pero señala que adquiere mayor importancia cuando existen otros factores, como antecedentes de trombosis o determinados problemas cardiovasculares. ACOG
La valoración también debe ser especialmente cuidadosa en mujeres mayores de 35 años que fuman, personas con antecedentes personales de TVP o embolia pulmonar y quienes presentan otros factores de riesgo importantes.
Por esa razón, no es recomendable interpretar las advertencias sobre trombosis como una indicación para suspender un anticonceptivo por cuenta propia. La elección o modificación del método debe discutirse con un profesional de salud.
Cuando el riesgo de formar coágulos es elevado, existen alternativas anticonceptivas que no contienen estrógeno y cuya conveniencia debe evaluarse individualmente. NHLBI, NIH
Embarazo y posparto merecen especial atención
El embarazo produce modificaciones naturales en el organismo destinadas, entre otras funciones, a reducir el riesgo de hemorragia durante el parto.
Como consecuencia, también aumenta temporalmente la tendencia de la sangre a coagularse.
A esto se suma que el crecimiento del útero puede ejercer presión sobre venas de la pelvis y dificultar parcialmente el retorno de la sangre desde las piernas.
Los NIH indican que durante el embarazo o inmediatamente después del parto la probabilidad de desarrollar un coágulo puede ser más de cinco veces superior a la de una persona que no está embarazada. NHLBI, NIH
Las primeras seis semanas posteriores al parto constituyen un período de especial vigilancia.
El riesgo puede aumentar todavía más cuando existen inmovilización prolongada, cesárea, antecedentes de trombosis u otras condiciones médicas.
Viajes largos, cirugías e inmovilidad también cuentan
No todos los factores están relacionados con hormonas.
Permanecer durante largos períodos sin mover las piernas puede favorecer el estancamiento de la sangre en las venas.
Esto puede ocurrir durante reposos prolongados, hospitalizaciones o viajes extensos en automóvil o avión.
Las cirugías, algunos traumatismos, determinados tipos de cáncer, antecedentes familiares de trombosis, obesidad y ciertas enfermedades también pueden incrementar el riesgo. ACOG
Además, cuando una persona reúne varios factores simultáneamente, la evaluación se vuelve más relevante que cuando existe solamente uno.
No todas las personas necesitan pruebas de trombofilia
Algunas personas presentan alteraciones hereditarias que aumentan la tendencia a desarrollar coágulos, conocidas generalmente como trombofilias.
Entre ellas se encuentran determinadas variantes genéticas como el factor V Leiden y mutaciones relacionadas con la protrombina.
Sin embargo, esto no significa que todas las mujeres deban someterse rutinariamente a estudios genéticos antes de utilizar anticonceptivos o quedar embarazadas.
La necesidad de realizar pruebas depende de los antecedentes personales y familiares y debe ser establecida por el médico.
Movimiento y evaluación del riesgo ayudan a prevenir
Mantener actividad física habitual y evitar permanecer inmóvil durante períodos excesivamente largos son algunas de las medidas generales que pueden ayudar a reducir el riesgo.
Durante viajes prolongados resulta aconsejable cambiar de posición y caminar periódicamente cuando sea posible.
En personas hospitalizadas o sometidas a intervenciones quirúrgicas, los médicos pueden evaluar si son necesarias medidas adicionales, que pueden incluir dispositivos de compresión o medicamentos anticoagulantes en determinados pacientes.
Sin embargo, los anticoagulantes nunca deben utilizarse como prevención por decisión propia, porque también pueden producir complicaciones importantes, principalmente sangrados.
Conocer el riesgo sin vivir con alarma
Tener uno de estos factores no significa que una trombosis vaya a ocurrir.
La mayor utilidad de conocerlos está en poder identificar a quienes podrían necesitar una evaluación especial y reconocer con mayor rapidez los síntomas.
Una hinchazón repentina y unilateral de la pierna, acompañada de dolor, calor o cambios de coloración, merece valoración médica. Si aparecen falta de aire súbita, dolor en el pecho, desmayo o tos con sangre, la situación requiere atención inmediata.
La prevención no consiste en alarmarse ante cualquier molestia, sino en saber cuándo una combinación de síntomas y factores de riesgo puede requerir una intervención rápida.
