La industria que rodea la firma de jóvenes prospectos dominicanos volvió al centro del debate luego de una investigación de ProPublica sobre el papel de entrenadores, intermediarios y prestamistas que adelantan dinero ligado a futuros bonos de peloteros.
Entre los nombres que aparecen en el reportaje figura el del miembro del Salón de la Fama David Ortiz, debido a la relación comercial que mantuvo con Santo Caraballo, identificado en la investigación como un prestamista activo dentro del negocio de los prospectos en República Dominicana.
Ortiz confirmó que participó en una empresa dedicada a prestar dinero a preparadores de jugadores, aunque rechazó que su actividad consistiera en financiar directamente a los jóvenes peloteros.
“Yo en sí tenía una compañía de hacerle préstamos a los preparadores, nunca a jugadores”, declaró durante una entrevista en Fiebruces Radio Show, con el periodista Yancen Pujols.
El exjugador explicó que esos préstamos estaban vinculados a los ingresos que posteriormente recibirían los entrenadores como parte de los acuerdos con los prospectos y aseguró que las operaciones se realizaban mediante contratos y con conocimiento de las partes involucradas.
Según su versión, cuando un preparador recibía un préstamo basado en el porcentaje que esperaba obtener de la futura firma de un jugador, los familiares del prospecto debían conocer previamente la existencia del acuerdo.
Ortiz aseguró además que decidió abandonar ese negocio después de detectar que Caraballo realizaba por separado operaciones que él no compartía.
“El socio que yo tenía hacía de su cuenta otros negocios que yo me empecé a dar cuenta de eso hace como dos años, porque hace dos años que yo paré ese negocio”, manifestó.
Añadió que recurrió a asesoría legal después de conocer determinadas actuaciones de su antiguo socio y negó haber participado en negocios que Caraballo pudiera haber desarrollado directamente con jugadores o sus familiares.
Lo documentado por ProPublica
La investigación de ProPublica analiza, entre otros, el caso del prospecto Belfi Rivera, quien había alcanzado un acuerdo por 1.8 millones de dólares con los Diamondbacks de Arizona.
De acuerdo con el medio, el entrenador John Carmona recibió 630,000 dólares, correspondientes a una comisión del 35 %, mientras que más de 950,000 dólares terminaron en manos de Caraballo a través de distintas operaciones financieras relacionadas con la familia del jugador.
ProPublica también documentó la relación empresarial entre Ortiz y Caraballo y señaló que ambos estuvieron vinculados a operaciones de financiamiento para entrenadores. El propio Ortiz confirmó al medio que esa era la naturaleza de su negocio conjunto.
Sin embargo, la investigación añade un elemento que contrasta con la afirmación de Ortiz de que no trabajaba directamente con jugadores o sus padres.
Según registros judiciales examinados por ProPublica, el nombre de Ortiz aparece, junto al de Caraballo, en al menos un contrato suscrito con los padres de un prospecto de 13 años. El acuerdo contemplaba proporcionar apoyo económico, alimentación, estudios, vivienda y entrenamiento a cambio de un porcentaje de un eventual bono de firma. El joven finalmente no firmó con una organización de Grandes Ligas y una demanda posterior relacionada con el contrato fue desestimada por razones procesales.
Ortiz, por su parte, sostiene que las actividades que Caraballo realizaba fuera de la sociedad que ambos mantenían no deben ser atribuidas a él.
“Nada que ver conmigo en absoluto”, expresó al referirse a las operaciones de su antiguo socio examinadas en el reportaje.
También cuestionó la forma en que su nombre ha adquirido protagonismo dentro de la cobertura del caso y consideró que su vínculo con Caraballo ha contribuido a aumentar la atención alrededor de la investigación.
Un negocio bajo escrutinio
El reportaje de ProPublica va más allá de la relación entre Ortiz y Caraballo y examina el sistema de formación y contratación de prospectos dominicanos antes de que puedan firmar oficialmente con organizaciones de Grandes Ligas.
La investigación sostiene que algunas familias reciben dinero anticipado a cambio de comprometer porcentajes de los futuros bonos de firma de los jóvenes, mientras entrenadores e intermediarios también pueden recibir una parte importante de esos contratos.
El caso ha vuelto a poner sobre la mesa el funcionamiento de una industria en la que participan peloteros menores de edad, academias, entrenadores, organizaciones de Grandes Ligas, representantes y fuentes privadas de financiamiento.
Ortiz mantiene que su participación se limitó a préstamos documentados para preparadores y que posteriormente puso fin a su relación con Caraballo.
