Rejas, cámaras de vigilancia y horarios reducidos forman parte de las medidas que adoptan propietarios de colmados y otros establecimientos.
Comerciantes de distintos sectores del Gran Santo Domingo han modificado su manera de atender al público para protegerse de robos y asaltos. En algunos negocios, los clientes reciben sus compras a través de barrotes y mallas metálicas.
Yeison De León, propietario de un colmado en Los Jardines del Norte, relató que su establecimiento ha sido atracado tres veces. Como prevención, mantiene la puerta cerrada, instaló cámaras y redujo el horario de servicio hasta alrededor de las nueve de la noche.
Otros propietarios de negocios en San Isidro y Jardines de Alma Rosa también expresaron preocupación por la inseguridad. En la calle Luxemburgo, un comerciante afirmó haber invertido más de RD$50,000 en estructuras de hierro para proteger su local.
El gasto en seguridad también aparece reflejado en un estudio de la Asociación de Jóvenes Empresarios: el 82 % de las empresas consultadas instaló cámaras, el 47 % recurrió a cerraduras o barras y el 43 % incorporó alarmas y sensores de movimiento.
