El grooming en línea continúa evolucionando a medida que niños y adolescentes pasan más tiempo en plataformas digitales y surgen nuevas herramientas capaces de facilitar la creación de perfiles falsos.
Esta práctica consiste en un proceso de acercamiento y manipulación mediante el cual un adulto establece deliberadamente una relación con un menor, en ocasiones ocultando o falseando su identidad, con el propósito de ganarse su confianza y posteriormente someterlo a situaciones de explotación o abuso.
Aunque estas conductas también pueden producirse fuera de Internet, los entornos digitales permiten establecer contacto con un mayor número de posibles víctimas y dificultan que padres o cuidadores detecten rápidamente lo que ocurre.
El contacto puede comenzar en espacios cotidianos
De acuerdo con un análisis de ESET, a través de su iniciativa Digipadres, el primer acercamiento puede producirse en lugares que forman parte de la actividad digital habitual de los menores.
Entre ellos figuran los videojuegos multijugador, redes sociales, servicios de mensajería, transmisiones en vivo y comunidades virtuales creadas alrededor de intereses compartidos.
La compañía de ciberseguridad advierte que un agresor puede contactar desde un mismo dispositivo a numerosos niños y adolescentes de manera simultánea.
Además, las herramientas de inteligencia artificial pueden utilizarse para construir identidades ficticias más realistas, adaptar fotografías, conversaciones y perfiles a los intereses de una posible víctima o imitar determinadas formas de comunicación.
Sin embargo, ESET señala que la base de la estrategia continúa siendo principalmente psicológica: generar confianza aprovechando necesidades como la amistad, atención, reconocimiento o sentido de pertenencia.
Cómo suele desarrollarse el acercamiento
El grooming generalmente no comienza con amenazas o conversaciones explícitas. El vínculo suele construirse de manera progresiva.
Entre las conductas que pueden servir como señales de alerta aparecen el interés excesivo por la vida o los pasatiempos del menor, los elogios constantes y la búsqueda rápida de una relación de confianza.
También puede producirse un intento de trasladar la conversación desde espacios públicos hacia mensajes privados, seguido de solicitudes para mantener en secreto la relación frente a familiares, profesores o amigos.
Una vez establecida la confianza, pueden comenzar preguntas cada vez más personales o conversaciones de contenido íntimo. Si el menor intenta terminar el contacto, algunos agresores recurren posteriormente a la presión emocional, amenazas, chantaje o sentimientos de culpa.
Comunicación y acompañamiento como medidas de prevención
ESET recomienda que padres y cuidadores combinen las herramientas tecnológicas de protección con un acompañamiento constante de la actividad digital de los menores.
Los controles parentales y las normas de uso pueden ayudar, pero los especialistas consideran fundamental establecer una comunicación abierta, de manera que niños y adolescentes puedan informar sobre situaciones incómodas sin temor a ser castigados.
También aconsejan enseñarles a proteger su información personal, revisar la privacidad de sus cuentas, evitar compartir datos sensibles con desconocidos y comprender que una persona conocida únicamente por Internet puede no ser quien afirma ser.
Conocer las plataformas, videojuegos y comunidades digitales que frecuentan los menores puede facilitar además la detección temprana de comportamientos inusuales y permitir una intervención antes de que la situación avance.
